Desde el escritorio del Párroco
Un carisma del Espíritu Santo es un don del Espíritu des nado a capacitar al creyente para servir a los demás y edificar el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. San Pablo, en 1 Corin os 12 y Efesios 4, enumera diversos dones del Espíritu que la Iglesia Católica denomina carismas del Espíritu Santo, los cuales están diseñados para edificar la Iglesia y atender sus diversas necesidades. El Catecismo de la Iglesia Católica dice lo siguiente sobre los carismas del Espíritu Santo:
799 Ya sean extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo que benefician directa o indirectamente a la Iglesia, pues están ordenados a su edificación, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.
800 Los carismas deben ser acogidos con gra tud tanto por quien los recibe como por todos los miembros de la Iglesia. Son una gracia maravillosamente rica para la vitalidad apostólica y la san dad de todo el Cuerpo de Cristo, siempre que sean verdaderos dones del Espíritu Santo y se u licen en plena conformidad con las autén cas mociones de ese mismo Espíritu; es decir, en consonancia con la caridad, que es la verdadera medida de todos los carismas.
801 En este sen do, el discernimiento de los carismas es siempre necesario. Ningún carisma está exento de ser some do al juicio de los pastores de la Iglesia. «A ellos corresponde no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno», para que los diversos y complementarios carismas cooperen «para el bien común».
Además de los carismas paulinos del Espíritu Santo enumerados en 1 Corin os y Efesios, a lo largo de la historia de la Iglesia han surgido otros carismas para la edificación de la misma. Sherry Weddell es una autora católica y fundadora del Ins tuto Catalina de Siena. Hace años, ella desarrolló un «Inventario de carismas» que los creyentes pueden realizar para iden ficar qué carismas podría poseer una persona o a cuáles nos está llamando posiblemente el Señor. En los próximos meses, pediré a nuestros numerosos líderes de ministerio que realicen este inventario y lo difundan entre los par cipantes de sus respecvos ministerios. De este modo, como equipo pastoral de dos parroquias, podremos iden ficar mejor qué carismas del Espíritu Santo poseen nuestros servidores y sabremos a quién pedirle que sirva de determinada manera, basándonos en los dones espirituales que cada uno ene. Cuando las personas sirven y ejercen los carismas que el Señor les ha otorgado, suelen sen rse revitalizadas en su ministerio, ya que están realizando aquello para lo que Dios las ha llamado y capacitado.
Dios nunca ha dispuesto que una sola persona —incluido el párroco, independientemente de su función en la Iglesia— deba realizar todos los ministerios de una parroquia o de una agrupación de parroquias, ni estar capacitada para todos ellos. Por eso Él crea diversos ministerios en la Iglesia y dota a dis ntos miembros con diferentes dones espirituales. Quisiera concluir pidiéndoles que lean y mediten en oración los dos siguientes pasajes de las Escrituras:
Dios ha establecido en la Iglesia, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, los milagros; después, los dones de curación, de asistencia, de administración y de diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Realizan todos milagros? ¿Tienen todos dones de curación? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Interpretan todos? Aspirad con fervor a los dones espirituales más elevados. 1 Corin os 12, 28-31
Y él mismo cons tuyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y maestros, para capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la plena estatura de Cristo; para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por cualquier viento de doctrina surgido de la astucia humana y de la habilidad para el engaño. Más bien, al vivir la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia aquel que es la Cabeza, Cristo; de él, todo el cuerpo —bien unido y cohesionado mediante todos los ligamentos que lo sos enen y gracias al funcionamiento adecuado de cada una de sus partes— logra el crecimiento del cuerpo y se edifica a sí mismo en el amor.
Efesios 4:11-16
Aprendamos cuáles son nuestros carismas del Espíritu Santo y u licémoslos con generosidad y alegría para fomentar el crecimiento del Cuerpo de Cristo aquí en Linthicum y Lansdowne.
Que Dios los bendiga a todos. Padre Rich